pisos y animales de compañía

Pisos y animales de compañía

La combinación entre animales de compañía y vivienda no siempre es una buena idea. En este sentido, los pisos urbanos y pequeños, de mano, no son los lugares más idóneos para la presencia de mascotas, gatos y, sobre todo, perros. La necesidad de espacio y paseos diarios de estos últimos hace necesario contar con mayores parcelas. Además del terreno y metros cuadrados disponibles, también existen otras consideraciones (legales, por ejemplo) que debemos tener presentes.

¿Qué nos dice la ley?

El propietario de un piso es, digamos, el que tiene la capacidad de decidir acerca de las cuestiones que afectan a la gestión del mismo de puertas para dentro. Es decir, cuando vamos a alquilar un piso, el propietario que nos lo arrienda es la persona que puede decidir si permite (o no) la presencia de animales de compañía en el piso.

De acuerdo con lo que establece la Ley de Arrendamientos Urbanos vigente, el propietario que alquila el piso tiene derecho de veto a la hora de prohibir la entrada de animales a una vivienda.

Pero hay que tener en cuenta una cosa, si la persona que arrienda la vivienda no quiere que el inquilino tenga animales en casa, lo mejor que puede hacer es explicitarlo por escrito, en el contrato. Si no se hace así se le está dando al arrendatario ‘carta blanca’ para meter cuantas mascotas quiera en la vivienda por un mero defecto de forma.

¿Qué nos dice el sentido común?

El sentido común nos dice que, cuanto más pequeño sea el piso, más lo ha de ser la mascota. Como vemos en este artículo, lo perros de raza grande, por poner un ejemplo, necesitan más espacio a su disposición. Asimismo, al contrario que gatos, perros o tortugas, el ‘mejor amigo del hombre’ sufre más la ausencia de su dueño al estar confinado entre cuatro paredes.

Los expertos y estudios sobre arrendamientos en España que existen vienen a señalar que, aproximadamente, 7 de cada diez propietarios se niegan a alquilar su vivienda a inquilinos con mascotas y animales de compañía, perros y gatos especialmente, por los deterioros que pueden ocasionar en suelos, paredes o mobiliario.

En lo que respecta a los inquilinos, lo mejor que se puede hacer es, antes de la firma del contrato de arrendamiento, es ir con la verdad por delante y, aunque no se explicite por escrito la prohibición, dejar claro al propietario que se tiene una mascota, cuya presencia en la vivienda es irrenunciable para nosotros.

Por ambas partes, una comunicación fluida y clara nos ahorrará muchos quebraderos de cabeza y, asimismo, también se los ahorrará a nuestros animales.

 

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